August 2012

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Hoy ha sido mi último día de trabajo en Cernunnos. La tarea del día ha sido llenar el bancal elevado con ramas. De nuevo, puede parecer una trivialidad, pero hay que hacerlo tratando de que quede el menor número de huecos posible para que en el futuro haya muchos nutrientes para las plantitas. Es como un tetris pero con muchas más combinaciones. Además, muchas ramas eran muy largas y hemos tenido que cortarlas, lo que me ha llevado al descubrimiento de otra de mis herramientas preferidas: el hacha.

Al igual que el pico, se utiliza cargando fuerza hacia atrás y descargándola contra lo que tienes delante, pero esta vez con la dificultad añadida de que lo que golpeas es una rama que gira y rebota elásticamente si no la sujetas bien. Asímismo, el hacha implica una necesidad de perfeccionamiento de técnica similar al caso del martillo y que el manejo del pico apenas requiere. Total, que me lo he pasado muy bien, aunque la lentitud a la que se rellena el tetris a veces es un poco frustrante.

También he acabado hoy mi lectura saltarina -dícese de aquella en la cual se saltan los capítulos que empiezan a parecer pesados o poco interesantes, por prisa- de “The One Straw Revolution” por Masanobu Fukuoka. Este hombre era un japonés estudioso de la agricultura científica que un día se iluminó y decidió dejar su trabajo y dedicarse a lo que él denomina “agricultura natural”, que es como la biológica pero además tratando de ahorrar todo el trabajo innecesario posible por parte del agricultor, y respetando al máximo el devenir de la naturaleza. Además, considera que la ciencia nunca podrá entender la naturaleza y la forma en que las plantas crecen naturalmente porque es incapaz de ver (y vivir) el todo, centrándose únicamente en las partes. De hecho, niega que el intelecto humano pueda llegar a entender el mundo porque sólo percibe su abstracción incompleta e irreal.

Si bien las ideas que tiene para cultivar sin pesticidas, herbicidas o fertilizantes artificiales y ahorrando trabajo superfluo me parecen de lo más interesantes y útiles, no me gusta el misticismo, el continuo ataque a la ciencia y, sobre todo, su constante prepotencia. Escribe como si todo el resto de científicos y políticos fuesen incapaces de entender la verdad a la que él a llegado. Entiendo que a la ciencia todavía le queda mucho camino, pero de ahí a negar que pueda obtener resultados útiles investigando los patrones de crecimiento de las plantas, me parece fanatismo. Es como quien se niega a reconocer los avances de la medicina moderna sólo porque hayan aparecido y proliferado enfermedades nuevas fruto de la masificación e industrialización de nuestras vidas. No hay más que comparar datos de la esperanza de vida de hace unos decenios y la de hoy en día en muchos países industrializados. Con todo, me parece que es un libro interesante de leer en muchas partes, sobre todo en las que narra experiencias con expertos estudiosos de agricultura, que son divertidas.

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Hoy hemos vuelto de nuevo a los pueblos abandonados a coger moras y a explorar. Unnarr sorprendentemente ha accedido a venir con nosotros, aunque quizá sólo lo ha hecho porque venía Margo.

Me ha gustado más esta segunda vez porque hemos subido a la parte un poco más oculta de Barxa, con zonas de pastos y lugares mágicos con combra y árboles macos, donde hemos comido y leído hasta que el Sol se ha calmado un rato. Después de ver estas zonas veo más viable y apetecible okupar algún día Barxa, más teniendo en cuenta que tiene al lado un arroyo con agua incluso durante este verano.

Esta vez después de pasar Froxende hemos seguido por un camino que subía la colina hacia territorio inexplorado en busca de nuevos pueblos, abandonados o sin abandonar. Después de una caminata de casi una hora y mucha subida hemos llegado a un pueblo en mucho mejor estado que Barxa y Froxende, pero también en proceso de convertirse en ruinas. Hemos gritado muchos “holas” pero la máxima respuesta ha sido un perro a lo lejos. En una especie de huerta había cebollas y lechugas con muy buena pinta y, como no había nadie, hemos decidido coger una de cada. Me siento un poco mal por llevarme cosas que no son mías sin permiso, pero bueno, había muchas cebollas y muchas lechugas. ¡Aunque la cebolla que hemos cogido vale por cuatro como mínimo! Perdón a la gente que pudo haberlas cultivado por llevarnos las cosas estas, os compensaremos. 0:-)

En el camino de vuelta hemos parado en Barxa a coger moras, que hay un montón y enormes, pero nos hemos ido pronto porque ya estaba anocheciendo. Al poco nos hemos encontrado con los gritos de Paris y Andru, que habían venido a buscarnos preocupados por si Unnarr se había escapado y andábamos buscándolo. En absoluto, ¡se ha portado muy bien todo el camino!

Hemos llegado a casa casi sin luz ya y devorado la cena, que estábamos con un hambre atroz después de todo el día caminando. Esta noche vamos a dormir como angelitos.

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Hoy es sábado y normalmente solemos tomarnos el fin de semana libre, pero alguna fuerza cósmica nos ha hecho tener ganas de trabajar un poco. Probablemente el hecho de que el miércoles estuvimos todo el día fuera sin currar en la huerta apenas.

Para empezar hemos movido unos troncos grandes al hueco del bancal alto que estamos construyendo, y más tarde yo he colocado algunas ramas y trozos de madera más pequeños al lado (foto pendiente). Este bancal es un poco como un hijo para mí, pues con David he limpiado la zona, cavado el hueco y ahora vienen los troncos. No me va a dar tiempo a verlo acabado ahora, pero supongo que si vuelvo en un futuro veré judías plantadas.

Ya por la tarde y después de un delicioso almuerzo con judías pintas cocinadas lentamente -cortesía de Paris y su receta familiar- hemos jugado un Power Grid, al que he perdido estrepitósamente, y luego me he ido a recoger endrinas. Como Margo recogió muchísimas el otro día quedan cada vez menos, así que me he tenido que emplear a fondo para conseguir las de árboles lejanos y/o ramas altas.

Por la noche hemos tomado bocaditos de coco, sidra de manzana y cerveza estilo ale mientras jugábamos al Dixit. Todo un festín nada habitual donde me tengo que controlar para no dejar sin comida y bebida a los demás, que soy un glotón lleno de gula. ¡Al infierno!

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Al final no he ido yo a Monforte, sino que los chicos se han ofrecido amablemente a hacerme ellos los recados de la carta y los quesos. Merci!

Yo me he quedado en casa con Margo y nos hemos dedicado a acabar el trabajo del último día amontonando todas las zarzas que quitamos y arrancando raíces de tamaño descomunal (fotos pendientes) de cuajo, además de rastrillar la zona. Por ahí es por donde van a dar vueltas las gallinas y no queremos que se pinchen demasiado.

En medio del curro he escuchado cómo llegaba un coche y a gente hablar que no eran los chicos. He subido y eran dos hombres rondando la cincuentena que estaban buscando orégano. Que no todo el monte es orégano, pero en nuestra huerta tenemos mucho. Me han contado que ellos de niños bajaban a bañarse a la parte del río de nuestra casa y que en aquellos tiempos había mucha gente por la zona con tractores haciendo la vendimia. También que la casa donde vivimos nosotros antes era de un cura y que uno de ellos ayudó personalmente en su construcción. Los dos eran de Quiroga, el pueblo más cercano, al lado de Monforte de Lemos.

A mediodía hemos hecho una tortilla española que ha quedado especialmente bien, teniendo en cuenta el miedo terrible que tengo yo normalmente a equivocarme en las proporciones en esta receta y destrozar la tortilla.

Por la tarde he estado acabándome de leer un libro titulado “An Anti-Capitalist Manifesto”, por Alex Callinicos, donde desde una perspectiva marxista trata de argumentar que no es posible un mundo justo, democrático y sostenible dentro del capitalismo, el cual lleva irremediablemente a la acumulación de capital en manos de unos pocos, crisis económicas, graves problemas medio-ambientales y provoca conflictos políticos y armados a escala internacional. Asímismo, esboza un modelo socialista de planificación descentralizada multi-nivel, con pequeños espacios para el mercado y la propiedad privada, y propone una serie de demandas políticas para encaminarnos hacia este mundo socialista poniendo en jaque el capitalismo, como el establecimiento de uan renta básica universal, la cancelación de la deuda del Tercer Mundo, la introducción coordinada de la Tasa Tobin y los controles de capital, la reducción de la jornada laboral y la renacionalización de las industrias públicas privatizadas.

El libro destaca especialmente en las múltiples referencias a acontecimientos políticos históricos recientes y textos de personas influyentes en movimientos anti-capitalistas. Creo que sólo por esto merece la pena leerlo, porque la verdad que se me queda algo corto en el terreno teórico, repitiendo simplemente el credo marxista para afirmar que el capitalismo es indomable y, por lo tanto, cualquier tipo de socialdemocracia capitalista una contradicción. Lo proximo que tengo para leer son textos de Trotsky, aunque no creo que me dé tiempo a casi nada*.

Este finde probablemente volveremos a Barxa y Froxende, los pueblos abandonados, espero que esta vez sin lluvia y con una saca para recoger las moras de tamaño descomunal de Barxa y hacer más mermeladas para el inverno.

Por cierto, no sé si habréis probado la mermelada de madroño, pero no sabe a (casi nada) y tiene una textura bastante cutre. Nosotros la hemos probado con miel y con queso pero los estropea; es mejor sola. Vaya con el símbolo de Madrid…

¡Ah, y el domingo probablemente hagamos french toasts para desayunar! Pan empapado en huevo con leche y luego frito, ya demás luego se le puede echar queso y otras delicias por encima, mmm. ¡Vivan los domingos!

* Efectivamente, no me dio tiempo.

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La larga residencia en Cernunnos comienza a tener efecto. Margo me pregunta a mí si un cierto trabajo está terminado y le enseño dónde están las endrinas, por qué hay un vaso en medio del camino a la huerta o cómo cortamos el pan. Hace falta una semanita para acostumbrarse a los hábitos de nuestra casa.

Por la mañana hemos seguido con el trabajo gallinero-wise. Como queremos verdaderas free-range chicken, hemos estado  limpiando toda una zona de zarzas malvadas con ayuda de la hoz y la guadaña. Por el camino había unas cuantas parras enmarañadas que hemos intentado salvar, aunque no lo hemos conseguido con todas. ¡Una incluso tenía uvas! Lo que quiere decir que hay esperanza para futuros vinos.

Mi ojo derecho ya está bien, pero gracias al trabajo de la mañana he ganado dos nuevas pupas: dos espinas de zarza bastante clavadas en los dedos de la mano. Con la ayuda de unas pinzas he conseguido sacarme una, pero la otra imposible y me cae justo en la yema del dedo gordo, por donde agarro el bolígrafo, y me está costando lo suyo escribir. Dice Andru que al cabo de un par de días sale la espina sola; será si no me la meto continuamente al escribir y currar, pero tengo esperanzas en mi sistema inmunológico.

Por la tarde me he entrado la proactividad y me he dedicado, con ayuda de Margo, a seguir pintando el techo de la casa de blanco. Hemos acabado un buen trozo y ahora la casa tiene más luz. :)

Mañana voy de nuevo a Monforte con los chicos* porque quiero enviar la carta que se me quedó sin enviar y es importante. Ya que salgo, probablemente aproveche para comprar un queso o dos para llevar a Barcelona. Un Cremosiño, que es un queso que hacen en Pontevedra y que en casa comemos mucho untado en pan. No es especialmente sabroso, pero sí muy cremoso y con un nombre guay. Seguro que mis compis de piso se sonríen. =)

* Al final no fui.

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Hoy ha sido día de viajes. Primero hemos ido a Monforte a comprar comida, aunque casi todo estaba cerrado porque al parecer era fiesta nacional. Yo y mi memoria no saben exáctamente cuál. Pero gracias a la fiesta famosa no he podido enviar una de las cartas que quería y tendré que esperar hasta el viernes. =(

Después de Monforte hemos ido hasta la casa rural de Parada do Sil, donde se mudaba David. Resulta que el pueblo estaba de fiesta y estaba lleno de gentecilla y hasta había música de concierto. Un cambio brutal respecto a nuestra humilde, pero muy guay, casa con huerta. Unos niños vendían vermouth y no he podido resistirme a comprar uno y buf… De nuevo, la delicia de probar cosas algo especiales cuando estás acostumbrado a una vida sencilla. En esta casa rural tenían una huerta toda plana con muchas cositas y hasta una hamaca y una piscina de plástico.

En la ruta de vuelta hacia Monforte nos hemos encontrado un pueblo abandonado con todas las entradas a las casas valladas con ladrillos. Algunos muros estaban reventados y nos pareció escuchar algún ruido, y había un coche con aspecto nuevo aparcado por la zona, así que al principio estábamos un poco temerosos de entrar en las casas, pero al final lo hicimos y vimos que están totalmente vacías con escombros por el suelo y tejados ruinosos. Al parecer, el pueblo se construyó hace decenios para albergar a las familias de las personas que venían a trabajar en una empresa hidroeléctrica cercana, y aún es propiedad de esa empresa. Pero no hemos visto en ningún sitio un cartel de “prohibido okupar”. ;)

Después del pueblo abandonado hemos visitado la casa del hombre que le vendió los terrenos a Paris y Andru, muy buena persona, que nos ha invitado a comer y beber su vino y nos ha regalado tres remolachas, además de emplazarnos a recoger más paneles para las colmenas, que dice que le sobran. ¡Dentro de poco va a haber mucha miel en casa!

La chica nueva voluntaria se llama Margo, es inglesa pero habla muy bien español y ha resultado muy simpática. Ha trabajado antes bastante tiempo en otras granjas, así que sabe un rato de permacultura y de cultivos, o al menos mucho más que yo. ¡Seguro que ayuda un montón! Al parecer le cae también bien a Unarr, que no le tiene tanto miedo y no le ladra. No sé si es por ser chica o qué. Qué perro.

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Hoy me he levantado con el párpado del ojo derecho inflamado por un lado. Supongo que será alguna infección. Ya por la noche me picaba un poco y me toqué a saber con qué manos sucias… Que ya he contado la limpieza relativa que llevamos, y encima el otro día tragamos bastante arena cavando. Espero que mañana esté mejor*.

Esta mañana llovía y hemos tenido que trabajar dentro. Nos hemos dedicado a pintar las paredes y el techo de blanco utilizando cal. La cal tiene la peculiaridad de que, además de desprender vapores malolientes y probablemente tóxicos al mezclarla con agua, al principio cuando pintas parece que falta pintura porque se ve muy claro, pero luego al secarse se vuelve más blanca y queda bien.

Al final no hemos perdido completamente nuestro honor y hemos encontrado el camino a los pueblos abandonados. El problema era exáctamente el que habíamos intuido: habíamos confundido un río con un arroyo y aplicado la ley del piñón fijo.

Los pueblos abandonados yo me los esperaba un poco más grandes y mejor conservados, pero están totalmente en ruinas y tan sólo quedan un par de edificios con algo de techo. Y uno de ellos tiene murciélagos. Sin embargo, eran muy bonitos, tanto ellos como el camino entre ellos. Supongo que la falta de comunicación (el camino no es una carretera) es en parte lo que les ha llevado al abandono. A juzgar por el aspecto de las casas y restos que quedaban, probablemente lleven abandonados varios decenios. O eso o la naturaleza hace estragos.

Hemos subido la colina, esta vez siguiendo un camino, y hemos visto más pueblos, alguno de ellos con aspecto de habitado, aunque personas no hemos visto aún.

Mañana será al fin mi primer contacto con la civilización de pueblos y ciudad desde que llegué aquí. Endavant!

* Mañana estaba mejor. :)

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Hoy lunes hemos vuelto al trabajo matutino cavando en el bancal elevado. Quién sabe si por la paliza del día anterior o porque hacía sol y calor, me he cansado bastante rápido y a eso de la una ya estábamos en casa haciendo el almuerzo. Hemos hecho patatas fritas y calabacín y berenjena rebozados y fritos también. El conjunto tenía bastante grasa, pero ya sabéis la teoría de que la grasa con sal le gusta a todo el mundo, incluidos vegetarianos y veganos.

Que hablando de vegetarianismo, mi subconsciente debe de estar echando de menos la carne porque anoche soñé con un filete que me comía, y me sentía culpable porque todo el mundo en casa estaba haciendo dieta vegetariana.

Después de comer me he bajado a mi yurta a escribir un par de cartas. No puedo escribir postales porque aún no he ido al pueblo ni nada. Espero poder enviar las cartas este miércoles, pero está el problema de que es fiesta en Monforte y la oficina de Correos estará cerrada, por lo que dependo de un estanco o de alguna tienda en otro pueblo, o una gasolinera… ¡Algo tiene que haber!

Después de escribir las cartas he estado recogiendo semillas de espinaca, que como podéis ver en la foto (foto pendiente) son redonditas y hay muchas en las ramas de la hoja de espinaca. Hemos recogido una bolsa entera; como plantemos todo esto van a flipar en el futuro comiendo espinacas. Casi tanto como con el calabacín.

Mañana puede que intentemos el viaje a los pueblos abandonados otra vez, if weather permits, porque es el último día que se queda David y pensamos que sería una pena que se fuese sin verlos. Si no somos capaces ni con las nuevas indicaciones de encontrar el camino*, ya me consideraré totalmente falto de honor e indigno de la vida en el campo. ¡A la aventura!

* Sí que fuimos capaces.

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Nuestra expedición a los pueblos abandonados ha sido un fail total. A pesar de las indicaciones de los chicos y un mapa que nos han hecho del camino, no hemos conseguido llegar y nos hemos perdido un rato largo. Al llegar a un punto, el camino desaparecía ante nuestros ojos y nos veíamos obligados a seguir pegados al río hasta toparnos con una pequeña cascada infranqueable. No contentos con esto, hemos emprendido una subida por la ladera de la colina. Lo que en un principio era una peligrosa pendiente se ha acabado tornando en bosques de maleza seca de creciente espesor, que nos obligaba a avanzar tragándonos centenares de ramas y arañándonos todo el cuerpo. Después de cerca de una hora de subida y al llegar a una roca desde la que no se veía ni rastro del supuesto camino, hemos desistido y decidido bajar, no sin duras penas y amplias posibilidades de rompernos brazos y piernas al pisar y agarrarnos en falso a ramas que se quebraban bajo nuestro peso.

Al llegar abajo y tras una pequeña pero arriesgada investigación para encontrar el camino, donde tanto David como yo hemos estado a puntito de caernos y esnucarnos contra una roca, hemos pasado de los premios Darwin y decidido volver a casa.

La explicación más plausible que encuentran los chicos* es que hayamos confundido el río con un arroyo cercano. Maldito verano. ¡Al menos el camino ha sido bonito!

* Y que más tarde se demostró correcta.

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Hoy era día de descanso del trabajo, pero como soy un workaholic he seguido un poco con las ramitas del ponedero del gallinero. La parte mala es que he tenido que ir a cortar ramas de sauce a un sitio lleno de zarzas y me he pinchado un montón. Odio las zarzas, están por toda la huerta, son feas* y se te pegan a la ropa y te pinchan, además de tener raíces super-profundas y gordas que molestan al resto de plantas. Muerte a las zarzas.

Me han dicho los chicos que el miércoles que viene vendrá una nueva voluntaria y me he emocionado. Parece mentira, pero llevo una semana sin ver a más personas que Paris, Andru y David. Nuestra pequeña secta de tres personas. Este mismo miércoles se va David a seguir su gira de voluntariado por la provincia de Lugo y le vamos a acompañar con el el coche. Supongo que aprovecharé el viaje para enviar un par de cartas que aún tengo que escribir, a modo de postal. Como no puedo adjuntar ninguna foto a lo mejor meto una hoja de menta** o algo representativo de nuestra huerta… ¡Una hoja de zarza! No, venga, menta, que huele mejor al menos. Para redondear, el miércoles también es día de fiesta en Monforte, así que a lo mejor vemos algo, aunque sea una procesión.

Por la tarde he seguido con mis lecturas políticas. Esta vez le ha tocado el turno a “A Brave New World Revisited”, un ensayo político de Aldous Huxley relacionado con su famosa novela distópica “Un mundo feliz / A brave new world”. Pues bien, su ensayo es más bien un panfleto pro-liberal y anti-comunista. Hay que tener en cuenta que el ensayo lo escribió en 1958, en plena guerra idelógica del Oeste capitalista contra el comunismo. A pesar de que puedo estar de acuerdo con algunos consejos que da y aprecio las reviews socio-científicas sobre algunos temas como el condicionamiento durante el sueño, drogas o propaganda en tiempos de guerra, creo que su intento por poner a caldo el comunismo, a la vez de querer tratar de demostrar que el mundo se acerca a su distopía de “Un mundo feliz” generan una visión poco profunda y sesgada políticamente. Leedlo y veréis.

Mañana me tengo que levantar temprano para visitar los pueblos abandonados, así que fins aviat!

* Siempre y cuando no tengan deliciosas moras.

** Al final se me olvidó, pero he traído hojas de menta de la huerta a Barcelona igualmente.

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