Cernunnos, XII

Hoy ha sido día de viajes. Primero hemos ido a Monforte a comprar comida, aunque casi todo estaba cerrado porque al parecer era fiesta nacional. Yo y mi memoria no saben exáctamente cuál. Pero gracias a la fiesta famosa no he podido enviar una de las cartas que quería y tendré que esperar hasta el viernes. =(

Después de Monforte hemos ido hasta la casa rural de Parada do Sil, donde se mudaba David. Resulta que el pueblo estaba de fiesta y estaba lleno de gentecilla y hasta había música de concierto. Un cambio brutal respecto a nuestra humilde, pero muy guay, casa con huerta. Unos niños vendían vermouth y no he podido resistirme a comprar uno y buf… De nuevo, la delicia de probar cosas algo especiales cuando estás acostumbrado a una vida sencilla. En esta casa rural tenían una huerta toda plana con muchas cositas y hasta una hamaca y una piscina de plástico.

En la ruta de vuelta hacia Monforte nos hemos encontrado un pueblo abandonado con todas las entradas a las casas valladas con ladrillos. Algunos muros estaban reventados y nos pareció escuchar algún ruido, y había un coche con aspecto nuevo aparcado por la zona, así que al principio estábamos un poco temerosos de entrar en las casas, pero al final lo hicimos y vimos que están totalmente vacías con escombros por el suelo y tejados ruinosos. Al parecer, el pueblo se construyó hace decenios para albergar a las familias de las personas que venían a trabajar en una empresa hidroeléctrica cercana, y aún es propiedad de esa empresa. Pero no hemos visto en ningún sitio un cartel de “prohibido okupar”. ;)

Después del pueblo abandonado hemos visitado la casa del hombre que le vendió los terrenos a Paris y Andru, muy buena persona, que nos ha invitado a comer y beber su vino y nos ha regalado tres remolachas, además de emplazarnos a recoger más paneles para las colmenas, que dice que le sobran. ¡Dentro de poco va a haber mucha miel en casa!

La chica nueva voluntaria se llama Margo, es inglesa pero habla muy bien español y ha resultado muy simpática. Ha trabajado antes bastante tiempo en otras granjas, así que sabe un rato de permacultura y de cultivos, o al menos mucho más que yo. ¡Seguro que ayuda un montón! Al parecer le cae también bien a Unarr, que no le tiene tanto miedo y no le ladra. No sé si es por ser chica o qué. Qué perro.

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