Factory Boy

Hoy he empezado a utilizar una nueva herramienta para un proyecto de Django en el que estoy trabajando: Factory Boy.

La descripción del proyecto lo dice bastante claro: es una herramienta para ayudar en la creación de fixtures para tests, es decir, conjuntos de datos de prueba sobre los que correr tests de código automáticos.

En un proyecto de código real, es fácil que nos encontramos dos cosas:

1. Tendremos modelos con un montón de campos, bastantes de ellos obligatorios.

2. El volumen de relaciones entre distintos modelos puede ser alto. Por ejemplo, un libro puede tener una FK hacia un autor, y el autor a su vez una FK hacia su país de nacimiento, etc.

¿A qué nos lleva esto? Que para poder probar cualquier cosa en nuestros tests automáticos necesitamos un conjunto relativamente grande y pesado de objetos de prueba (la fixture) sobre los que correr la mayoría de los tests. Para solucionar este problema, lo que yo normalmente hacía era crear una fixture básica principal sobre la que corría todos los tests luego.

Esto tiene el inconveniente básico de que todos los tests que usen esa fixture tendrán que recrear cada vez esos objetos (porque Django hace un necesario flush de las BBDD antes de cada nuevo test), lo que lleva mucho tiempo.

Uno puede pensar en montar una jerarquía de fixtures para que cada conjunto de tests sólo cree (más o menos) los objetos que necesite. En mi opinión, esto puede ser una pesadilla de mantener y, por lo tanto, una razón más para acabar no escribiendo tests automáticos, por lo que yo no lo recomiendo.

Aquí es donde entra Factory Boy, que a mi juicio tiene básicamente dos ventajas muy importantes:

1. Permite poner valores por defecto (incluso dinámicos) para los distintos campos del modelo, de forma que al crearlo sólo hay que especificar los valores que no queremos que sean los por defecto.

Esto puede parecer una tontería, pero si se tienen muchos campos obligatorios es una bendición. Especialmente cuando se añaden campos nuevos a los modelos: en vez de tener que cambiarlo en todas partes, basta con cambiarlo en la definición de la factoría y punto.

2. Permite crear objetos en cadena. Es decir, si el modelo libro tiene una FK a un autor obligatoria, se pueden especificar los atributos deseados del libro y el autor se creará solo con los valores por defecto que hayamos especificado.

Aquí es donde se ahorra también un montón de tiempo, ya que podemos crear fácilmente los objetos que se necesitarán en cada test al inicio de la función del propio test, en vez de hacer una función setUp compartida para todos los tests que cree objetos que no necesitan todos los tests.

En resumen, una herramienta muy útil que recomiendo a cualquiera que haga TDD con Python, y especialmente con Django.

Rendimiento universitario y becas

La última propuesta del Gobierno de reforma del sistema de becas universitarias ha provocado un gran debate en torno a la finalidad de estas becas en la sociedad y sus requisitos asociados. Creo que nadie está en desacuerdo con que existan una serie de requisitos académicos que obliguen a los estudiantes beneficiarios de una beca a tener un rendimiento que, por decirlo de alguna manera, reconozca el esfuerzo económico que la sociedad en conjunto hace para posibilitar estas becas. La discusión radica más bien en el nivel de estos requisitos académicos que se exigen, es decir, a qué altura se pone la barrera de acceso a las becas.

Cuenta Wert a La Razón [1] que ha visto que mucha gente no tenía ni idea de que «la beca no sólo consiste en no cobrar las tasas, sino que consiste en dar dinero al estudiante para compensarle que no se incorpore al mercado de trabajo o facilitarle que viva fuera del lugar de su residencia habitual». Pues bien, yo creo que, de la misma manera, también hay mucha gente que no tiene ni idea de que el sistema de becas actual [2] ya incluye múltiples requisitos económicos y académicos para ser beneficiario de estas becas.

En primer lugar, a pesar de que pueda llegar a parecerlo al hablar Wert de forma general de “la beca”, no es cierto que todas las becas incluyan una compensación por no incorporarse al mercado de trabajo. Esta componente, llamada “beca salario” o “ayuda compensatoria”, se reserva únicamente a los casos de familias con menos recursos; por ejemplo, familias de tres miembros (caso de hijo único, ya que se incluyen los padres) que no superen los 10.606€ de renta anual. Igualmente, existen umbrales de renta para las componentes de ayudas de transporte, de residencia o de material.

En segundo lugar, la componente de matrícula de la beca sólo cubre la primera matrícula de cada asignatura. Es decir, si suspendes una asignatura y te vuelves a matricular de ella (por ejemplo, porque es obligatoria), tienes que pagar las tasas completas. Las becas te abandonan en aquellas asignaturas donde tengas dificultades; no se te permite ni un desliz.

En relación a este tema, es importante desmentir otro de los mitos imperantes en el discurso del Gobierno, retratado en este artículo de Esperanza Aguirre [3], que dice que «sin demagogia, podemos afirmar que todos los estudiantes universitarios españoles ya tienen una beca del 75% del coste de sus estudios». Pues lo siento, Esperanza, pero sí que es demagogia porque no es cierto. Como se puede comprobar si se lee el famoso RD 14/2012 [4], el límite de matrícula de hasta un 25% del precio total sólo se corresponde a primeras matrículas de grado y de másters habilitantes (de Arquitectura, Derecho, ingenierías y poco más). En el caso de segundas matrículas, este límite sube hasta un 40% del total, y hasta un 75% en el caso de terceras. Si hablamos de másters no habilitantes (como puede ser uno de Informàtica), la horquilla en primera matrícula ya llega hasta el 50%. Por tanto y con esta información sobre la mesa, podemos afirmar que esta idea de que los fondos públicos ya cubren el 75% de la matrícula de todo estudiante universitario es rotundamente falsa y demagógica.

Por otra parte y como ya se avanzaba en la introducción, también existen numerosos requisitos académicos para obtener y mantener la beca. En primer lugar, si se quiere poder acceder a todas las componentes, es necesario matricularse de 60 créditos anuales, es decir, estudiar a tiempo completo. Nada de matriculase de menos asignaturas para que te quede tiempo para trabajar.

Pero aquí viene la bomba. Para poder optar a la beca, se deben haber aprobado en el curso anterior un 90% de los créditos en el caso de Artes y Humanidades o Ciencias Sociales y Jurídicas, porcentaje que se reduce a un 80% en el caso de Ciencias y Ciencias de la Salud y un 65% para Ingenierías y Arquitectura. En el caso de los másteres, se exige una nota media mínima de un 7 o un 6,5 el año anterior, para no habilitantes y habilitantes, respectivamente. En la mayoría de los casos, si el año pasado tuviste un desliz en un par de asignaturas, puedes decir adiós a la beca.

¿No son lo bastante contundentes ya estos requisitos? Pues hay más y jugosos. Uno poco conocido es que la beca sólo cubre durante un año más a la duración estimada de los estudios realizados (dos en Arquitectura e ingenierías), y en este caso las cuantías recibidas se reducen a la mitad. Es decir, si los estudios de Física están programados para 5 años, el sexto año la beca se reduciría a la mitad y el séptimo no habría beca. Hay que tener en cuenta que la proporción de alumnos que acaban los estudios universitarios en el tiempo programado es, para muchas carreras, muy pequeña, y no necesariamente porque los estudiantes no se esfuercen.

Por último, pero no por ello menos importante, si un estudiante becado no supera el 50% de los créditos matriculados, tiene que devolver el importe íntegro de la beca, con excepción de las tasas de matrícula. Se acabó eso de matricularse de una carrera, que te vaya fatal el primer año, te cambies a algo que se te dé mejor y te vayas de rositas: ahora te irás además con una bonita deuda.

Con todo lo aquí expuesto, creo que queda más que suficientemente probado que ya existen requisitos bastante contundentes (algunos excesivamente contundentes, en mi opinión) que aseguran que el sistema de becas actual no es un agujero negro de dinero que traga sin control y nunca rinde cuentas. Cuando Wert dice [1] que «la mitad de los estudiantes que ingresan con una nota inferior al 6,5 no acaban graduándose» no debemos preocuparnos tanto por esa mitad que recibe fondos públicos y no se gradua, sino por la mitad que podría dejar de graduarse si le impedimos el acceso a las becas.

 

[1] http://www.larazon.es/detalle_normal/noticias/2845045/wert-si-no-me-sintiera-apoyado-por-rajoy-no

[2] http://www.boe.es/boe/dias/2012/08/14/pdfs/BOE-A-2012-10850.pdf

[3] http://esperanza.ppmadrid.es/becas/

[4] http://www.boe.es/boe/dias/2012/04/21/pdfs/BOE-A-2012-5337.pdf

SomSants, la xarxa social del barri

[Article publicat a La Burxa n169 (gener 2013), escrit pel Chris i jo]

SomSants és una xarxa social pel barri de Sants. Una eina web de comunicació oberta, creada amb programari lliure i gestionada de molt aprop, per nosaltres, per tu. L’us és semblant al Twitter; pots enviar missatges petits explicant què estàs fent, contestar altres missatges, citar reunions i esdeveniments, compartir fitxers i enllaços, etc.

SomSants neix de l’observació de que les llistes de correu que normalment fem servir no promouen la difusió ni conviden a la participació: el que es desenvolupa a cada grup queda aillat de la feina que es fa en els altres. Una xarxa social com SomSants és un complement natural de les llistes de correu, ja que presenta la informació en un format accessible per a tothom, fent que els missatges arribin més lluny, enriquint el teixit associatiu, col·laboratiu i social del barri i evitant a més a més convertir les nostres dades en mercaderia a les mans de xarxes comercials com ara Facebook, Twitter o Tuenti.

Entra-hi ara i dóna un cop d’ull al que es mou pel barri! No cal registrar-s’hi per a llegir la informació, però si ho fas en podràs publicar, subscriure’t a les actualitzacions d’altres, treballar en grup, enviar missatges privats, etc. Uneix-t’hi!!

Una asamblea no es un pasatiempo

[Actualización: consultar el artículo La tiranía de la falta de estructuras que transmite una idea en la misma línea que este artículo]

En gran parte de la sociedad las asambleas gozan de una considerable mala prensa. Reuniones en las que se desparrama sobre multitud de temas, acaban más tarde de lo que se pensaba, no se sabe bien qué se está votando y nadie toma responsabilidades sobre lo que se decide. No podemos tachar esta mala prensa exactamente de prejuicio, porque es verdad que muchas asambleas sufren estos y otros problemas, pero tampoco deberíamos pensar que estos problemas son intrínsecos de las asambleas y que es imposible eliminarlos o al menos paliarlos.

Es muy cierto que la horizontalidad de las asambleas plantea retos que en métodos de organización más jerárquicos no existen, pero también esta horizontalidad es precisamente, si la asamblea se desarrolla adecuadamente, la que las dota de una mayor riqueza y capacidad de tomar mejores decisiones con las que más gente está de acuerdo. Gran parte de los problemas organizativos que aparecen en las asambleas probablemente provienen del hecho de que vivimos en una sociedad apreciablemente jerarquizada, donde estamos acostumbrados a reuniones (formales) también jerarquizadas.

Es por eso que cuando se rompen las jerarquías explícitas nos vemos en la tesitura de pensar, ¿quién hace qué? ¿Quién tiene la responsabilidad de preparar la reunión? ¿Cuál es el sistema de decisión? Cuando las reglas no vienen dadas de fuera sino que tenemos que establecerlas nosotros mismos, nos podemos sentir abrumados y bloqueados.

Esto lleva muchas veces a que estas reglas y mecanismos no se establezcan y las asambleas se conviertan en algo totalmente informal, lo que genera la mala prensa ya mencionada. Es un grave error pensar que, por el hecho de que no exista una jerarquía y unas reglas marcadas de antemano, una asamblea ha de ser siempre informal y sin grandes preparaciones ni estructura.

Precisamente todo lo contrario. Para que una reunión en la que mucha gente no tiene claro cuál es su función y se quiere favorecer el intercambio de ideas y el acercamiento de posiciones, la preparación, la moderación y la formalización de esquemas de trabajo es fundamental. Normalmente la gente con más experiencia en reuniones asamblearias y/o más don de palabra es la que suele tomar la batuta y ayudar activamente con la organización, pero es importante que estas metodologías se desarrollen, aprendan y asuman por todo el grupo, favoreciendo la rotatividad (especialmente en el tema de moderación y preparación del orden del día).

Una pequeña ayuda
Desde estas líneas se podrían ofrecer multitud de pequeños consejos, pero para una introducción general se puede consultar, por ejemplo, el título (PDF gratuito) “Asambleas y reuniones – Metodologías de autoorganización” por Ana Rosa Lorenzo Vila y Miguel Martínez López y editado por Traficantes de Sueños en el 2001.

Esta guía se centra en tres niveles de objetivos. El primero, de eficacia: que se cumplan los objetivos para los que fue convocada la asamblea. El segundo, de participación democrática: que todas las opiniones y sugerencias sean escuchadas y no haya imposiciones ni coacciones. Y el tercero, de buen clima grupal: que las relaciones entre los miembros de la asamblea sean de cordialidad, cooperación y confianza.

Así, se desarrollan, entre otros, los temas de cómo preparar las asambleas -orden del día, duración de las sesiones, organización del espacio-, los diferentes tipos de opiniones -cada uno con sus técnicas propias-, los procesos de toma de decisiones consensuadas colectivas, el papel de la moderación -que muchas veces no se respeta o incluso no existe-, cómo desarrollar asambleas en colectivos numerosos -que normalmente requieren información y debate previo en grupos más pequeños y un esfuerzo especial en la preparación y moderación-, la toma de actas, mecanismos de resolución de conflictos y frustración dentro del grupo, técnicas de comunicación efectiva y métodos de auto-evaluación para conseguir una constante mejora.

A pesar de su relativa antigüedad (motivo por el cual no se trata el uso de nuevas tecnologías en la organización y difusión de información), el texto mantiene una vigencia más que notable. En multitud de ocasiones el lector se verá sorprendido al encontrarse reflejado en los ejemplos que se plantean. En resumen, una guía de muy recomendable lectura para todos los que participan asiduamente en asambleas, tanto si tienen amplia experiencia previa como si no.

Cernunnos, XVII

Hoy ha sido mi último día de trabajo en Cernunnos. La tarea del día ha sido llenar el bancal elevado con ramas. De nuevo, puede parecer una trivialidad, pero hay que hacerlo tratando de que quede el menor número de huecos posible para que en el futuro haya muchos nutrientes para las plantitas. Es como un tetris pero con muchas más combinaciones. Además, muchas ramas eran muy largas y hemos tenido que cortarlas, lo que me ha llevado al descubrimiento de otra de mis herramientas preferidas: el hacha.

Al igual que el pico, se utiliza cargando fuerza hacia atrás y descargándola contra lo que tienes delante, pero esta vez con la dificultad añadida de que lo que golpeas es una rama que gira y rebota elásticamente si no la sujetas bien. Asímismo, el hacha implica una necesidad de perfeccionamiento de técnica similar al caso del martillo y que el manejo del pico apenas requiere. Total, que me lo he pasado muy bien, aunque la lentitud a la que se rellena el tetris a veces es un poco frustrante.

También he acabado hoy mi lectura saltarina -dícese de aquella en la cual se saltan los capítulos que empiezan a parecer pesados o poco interesantes, por prisa- de “The One Straw Revolution” por Masanobu Fukuoka. Este hombre era un japonés estudioso de la agricultura científica que un día se iluminó y decidió dejar su trabajo y dedicarse a lo que él denomina “agricultura natural”, que es como la biológica pero además tratando de ahorrar todo el trabajo innecesario posible por parte del agricultor, y respetando al máximo el devenir de la naturaleza. Además, considera que la ciencia nunca podrá entender la naturaleza y la forma en que las plantas crecen naturalmente porque es incapaz de ver (y vivir) el todo, centrándose únicamente en las partes. De hecho, niega que el intelecto humano pueda llegar a entender el mundo porque sólo percibe su abstracción incompleta e irreal.

Si bien las ideas que tiene para cultivar sin pesticidas, herbicidas o fertilizantes artificiales y ahorrando trabajo superfluo me parecen de lo más interesantes y útiles, no me gusta el misticismo, el continuo ataque a la ciencia y, sobre todo, su constante prepotencia. Escribe como si todo el resto de científicos y políticos fuesen incapaces de entender la verdad a la que él a llegado. Entiendo que a la ciencia todavía le queda mucho camino, pero de ahí a negar que pueda obtener resultados útiles investigando los patrones de crecimiento de las plantas, me parece fanatismo. Es como quien se niega a reconocer los avances de la medicina moderna sólo porque hayan aparecido y proliferado enfermedades nuevas fruto de la masificación e industrialización de nuestras vidas. No hay más que comparar datos de la esperanza de vida de hace unos decenios y la de hoy en día en muchos países industrializados. Con todo, me parece que es un libro interesante de leer en muchas partes, sobre todo en las que narra experiencias con expertos estudiosos de agricultura, que son divertidas.

Cernunnos, XVI

Hoy hemos vuelto de nuevo a los pueblos abandonados a coger moras y a explorar. Unnarr sorprendentemente ha accedido a venir con nosotros, aunque quizá sólo lo ha hecho porque venía Margo.

Me ha gustado más esta segunda vez porque hemos subido a la parte un poco más oculta de Barxa, con zonas de pastos y lugares mágicos con combra y árboles macos, donde hemos comido y leído hasta que el Sol se ha calmado un rato. Después de ver estas zonas veo más viable y apetecible okupar algún día Barxa, más teniendo en cuenta que tiene al lado un arroyo con agua incluso durante este verano.

Esta vez después de pasar Froxende hemos seguido por un camino que subía la colina hacia territorio inexplorado en busca de nuevos pueblos, abandonados o sin abandonar. Después de una caminata de casi una hora y mucha subida hemos llegado a un pueblo en mucho mejor estado que Barxa y Froxende, pero también en proceso de convertirse en ruinas. Hemos gritado muchos “holas” pero la máxima respuesta ha sido un perro a lo lejos. En una especie de huerta había cebollas y lechugas con muy buena pinta y, como no había nadie, hemos decidido coger una de cada. Me siento un poco mal por llevarme cosas que no son mías sin permiso, pero bueno, había muchas cebollas y muchas lechugas. ¡Aunque la cebolla que hemos cogido vale por cuatro como mínimo! Perdón a la gente que pudo haberlas cultivado por llevarnos las cosas estas, os compensaremos. 0:-)

En el camino de vuelta hemos parado en Barxa a coger moras, que hay un montón y enormes, pero nos hemos ido pronto porque ya estaba anocheciendo. Al poco nos hemos encontrado con los gritos de Paris y Andru, que habían venido a buscarnos preocupados por si Unnarr se había escapado y andábamos buscándolo. En absoluto, ¡se ha portado muy bien todo el camino!

Hemos llegado a casa casi sin luz ya y devorado la cena, que estábamos con un hambre atroz después de todo el día caminando. Esta noche vamos a dormir como angelitos.

Cernunnos, XV

Hoy es sábado y normalmente solemos tomarnos el fin de semana libre, pero alguna fuerza cósmica nos ha hecho tener ganas de trabajar un poco. Probablemente el hecho de que el miércoles estuvimos todo el día fuera sin currar en la huerta apenas.

Para empezar hemos movido unos troncos grandes al hueco del bancal alto que estamos construyendo, y más tarde yo he colocado algunas ramas y trozos de madera más pequeños al lado (foto pendiente). Este bancal es un poco como un hijo para mí, pues con David he limpiado la zona, cavado el hueco y ahora vienen los troncos. No me va a dar tiempo a verlo acabado ahora, pero supongo que si vuelvo en un futuro veré judías plantadas.

Ya por la tarde y después de un delicioso almuerzo con judías pintas cocinadas lentamente -cortesía de Paris y su receta familiar- hemos jugado un Power Grid, al que he perdido estrepitósamente, y luego me he ido a recoger endrinas. Como Margo recogió muchísimas el otro día quedan cada vez menos, así que me he tenido que emplear a fondo para conseguir las de árboles lejanos y/o ramas altas.

Por la noche hemos tomado bocaditos de coco, sidra de manzana y cerveza estilo ale mientras jugábamos al Dixit. Todo un festín nada habitual donde me tengo que controlar para no dejar sin comida y bebida a los demás, que soy un glotón lleno de gula. ¡Al infierno!

Cernunnos, XIV

Al final no he ido yo a Monforte, sino que los chicos se han ofrecido amablemente a hacerme ellos los recados de la carta y los quesos. Merci!

Yo me he quedado en casa con Margo y nos hemos dedicado a acabar el trabajo del último día amontonando todas las zarzas que quitamos y arrancando raíces de tamaño descomunal (fotos pendientes) de cuajo, además de rastrillar la zona. Por ahí es por donde van a dar vueltas las gallinas y no queremos que se pinchen demasiado.

En medio del curro he escuchado cómo llegaba un coche y a gente hablar que no eran los chicos. He subido y eran dos hombres rondando la cincuentena que estaban buscando orégano. Que no todo el monte es orégano, pero en nuestra huerta tenemos mucho. Me han contado que ellos de niños bajaban a bañarse a la parte del río de nuestra casa y que en aquellos tiempos había mucha gente por la zona con tractores haciendo la vendimia. También que la casa donde vivimos nosotros antes era de un cura y que uno de ellos ayudó personalmente en su construcción. Los dos eran de Quiroga, el pueblo más cercano, al lado de Monforte de Lemos.

A mediodía hemos hecho una tortilla española que ha quedado especialmente bien, teniendo en cuenta el miedo terrible que tengo yo normalmente a equivocarme en las proporciones en esta receta y destrozar la tortilla.

Por la tarde he estado acabándome de leer un libro titulado “An Anti-Capitalist Manifesto”, por Alex Callinicos, donde desde una perspectiva marxista trata de argumentar que no es posible un mundo justo, democrático y sostenible dentro del capitalismo, el cual lleva irremediablemente a la acumulación de capital en manos de unos pocos, crisis económicas, graves problemas medio-ambientales y provoca conflictos políticos y armados a escala internacional. Asímismo, esboza un modelo socialista de planificación descentralizada multi-nivel, con pequeños espacios para el mercado y la propiedad privada, y propone una serie de demandas políticas para encaminarnos hacia este mundo socialista poniendo en jaque el capitalismo, como el establecimiento de uan renta básica universal, la cancelación de la deuda del Tercer Mundo, la introducción coordinada de la Tasa Tobin y los controles de capital, la reducción de la jornada laboral y la renacionalización de las industrias públicas privatizadas.

El libro destaca especialmente en las múltiples referencias a acontecimientos políticos históricos recientes y textos de personas influyentes en movimientos anti-capitalistas. Creo que sólo por esto merece la pena leerlo, porque la verdad que se me queda algo corto en el terreno teórico, repitiendo simplemente el credo marxista para afirmar que el capitalismo es indomable y, por lo tanto, cualquier tipo de socialdemocracia capitalista una contradicción. Lo proximo que tengo para leer son textos de Trotsky, aunque no creo que me dé tiempo a casi nada*.

Este finde probablemente volveremos a Barxa y Froxende, los pueblos abandonados, espero que esta vez sin lluvia y con una saca para recoger las moras de tamaño descomunal de Barxa y hacer más mermeladas para el inverno.

Por cierto, no sé si habréis probado la mermelada de madroño, pero no sabe a (casi nada) y tiene una textura bastante cutre. Nosotros la hemos probado con miel y con queso pero los estropea; es mejor sola. Vaya con el símbolo de Madrid…

¡Ah, y el domingo probablemente hagamos french toasts para desayunar! Pan empapado en huevo con leche y luego frito, ya demás luego se le puede echar queso y otras delicias por encima, mmm. ¡Vivan los domingos!

* Efectivamente, no me dio tiempo.

Cernunnos, XIII

La larga residencia en Cernunnos comienza a tener efecto. Margo me pregunta a mí si un cierto trabajo está terminado y le enseño dónde están las endrinas, por qué hay un vaso en medio del camino a la huerta o cómo cortamos el pan. Hace falta una semanita para acostumbrarse a los hábitos de nuestra casa.

Por la mañana hemos seguido con el trabajo gallinero-wise. Como queremos verdaderas free-range chicken, hemos estado  limpiando toda una zona de zarzas malvadas con ayuda de la hoz y la guadaña. Por el camino había unas cuantas parras enmarañadas que hemos intentado salvar, aunque no lo hemos conseguido con todas. ¡Una incluso tenía uvas! Lo que quiere decir que hay esperanza para futuros vinos.

Mi ojo derecho ya está bien, pero gracias al trabajo de la mañana he ganado dos nuevas pupas: dos espinas de zarza bastante clavadas en los dedos de la mano. Con la ayuda de unas pinzas he conseguido sacarme una, pero la otra imposible y me cae justo en la yema del dedo gordo, por donde agarro el bolígrafo, y me está costando lo suyo escribir. Dice Andru que al cabo de un par de días sale la espina sola; será si no me la meto continuamente al escribir y currar, pero tengo esperanzas en mi sistema inmunológico.

Por la tarde me he entrado la proactividad y me he dedicado, con ayuda de Margo, a seguir pintando el techo de la casa de blanco. Hemos acabado un buen trozo y ahora la casa tiene más luz. :)

Mañana voy de nuevo a Monforte con los chicos* porque quiero enviar la carta que se me quedó sin enviar y es importante. Ya que salgo, probablemente aproveche para comprar un queso o dos para llevar a Barcelona. Un Cremosiño, que es un queso que hacen en Pontevedra y que en casa comemos mucho untado en pan. No es especialmente sabroso, pero sí muy cremoso y con un nombre guay. Seguro que mis compis de piso se sonríen. =)

* Al final no fui.

Cernunnos, XII

Hoy ha sido día de viajes. Primero hemos ido a Monforte a comprar comida, aunque casi todo estaba cerrado porque al parecer era fiesta nacional. Yo y mi memoria no saben exáctamente cuál. Pero gracias a la fiesta famosa no he podido enviar una de las cartas que quería y tendré que esperar hasta el viernes. =(

Después de Monforte hemos ido hasta la casa rural de Parada do Sil, donde se mudaba David. Resulta que el pueblo estaba de fiesta y estaba lleno de gentecilla y hasta había música de concierto. Un cambio brutal respecto a nuestra humilde, pero muy guay, casa con huerta. Unos niños vendían vermouth y no he podido resistirme a comprar uno y buf… De nuevo, la delicia de probar cosas algo especiales cuando estás acostumbrado a una vida sencilla. En esta casa rural tenían una huerta toda plana con muchas cositas y hasta una hamaca y una piscina de plástico.

En la ruta de vuelta hacia Monforte nos hemos encontrado un pueblo abandonado con todas las entradas a las casas valladas con ladrillos. Algunos muros estaban reventados y nos pareció escuchar algún ruido, y había un coche con aspecto nuevo aparcado por la zona, así que al principio estábamos un poco temerosos de entrar en las casas, pero al final lo hicimos y vimos que están totalmente vacías con escombros por el suelo y tejados ruinosos. Al parecer, el pueblo se construyó hace decenios para albergar a las familias de las personas que venían a trabajar en una empresa hidroeléctrica cercana, y aún es propiedad de esa empresa. Pero no hemos visto en ningún sitio un cartel de “prohibido okupar”. ;)

Después del pueblo abandonado hemos visitado la casa del hombre que le vendió los terrenos a Paris y Andru, muy buena persona, que nos ha invitado a comer y beber su vino y nos ha regalado tres remolachas, además de emplazarnos a recoger más paneles para las colmenas, que dice que le sobran. ¡Dentro de poco va a haber mucha miel en casa!

La chica nueva voluntaria se llama Margo, es inglesa pero habla muy bien español y ha resultado muy simpática. Ha trabajado antes bastante tiempo en otras granjas, así que sabe un rato de permacultura y de cultivos, o al menos mucho más que yo. ¡Seguro que ayuda un montón! Al parecer le cae también bien a Unarr, que no le tiene tanto miedo y no le ladra. No sé si es por ser chica o qué. Qué perro.